Ashtanga Yoga y ego parecen dos conceptos opuestos, pero en realidad están profundamente entrelazados. Muchos se sienten atraídos por la práctica del Ashtanga al ver la belleza visual de sus posturas, mientras otros se quedan en la superficie, buscando impresionar con asanas avanzadas.
Es una paradoja: lo que nos atrae del Ashtanga muchas veces son las formas externas, cuando su propósito es justo lo contrario: ir más allá de la apariencia.
Lo importante no es la postura, sino la actitud y la presencia que llevas a la esterilla. Nadie desde fuera puede medir la profundidad de tu práctica; a veces, quien realiza una postura sencilla está viajando mucho más adentro que quien domina una avanzada.
Aquí entra el concepto de Tristhana, que combina respiración, movimiento, mirada y bandhas.
Este método convierte la práctica en una meditación en movimiento, diferenciando el Ashtanga de cualquier ejercicio físico.
No busca solo purificar el cuerpo, sino también limpiar los canales energéticos más sutiles.
En la esterilla no entrenas solo tu cuerpo: observas tu mente, tus emociones y el juego de tu ego.
Su objetivo es la unión, con uno mismo, con los demás y con el entorno, trascendiendo la dualidad del éxito o el fracaso.
En la práctica se refleja todo: el orgullo, la impaciencia, el miedo… pero también la humildad, la perseverancia y la ecuanimidad.


Cuando la práctica se vuelve una disciplina y parte de la rutina diaria, se genera una energía poderosa. Sharathji decía:
«A veces las posturas avanzadas son como un diamante que le das a un mono, el mono es el inconsciente que toma los beneficios de la práctica para jugar con ellos alimentando su ego.»
Lo mismo ocurre cuando se banaliza el poder de las posturas. Esa energía puede ser usada para crecer en virtud, cultivando bondad, generosidad o humildad, o puede volverse alimento para el ego. Es una elección constante.
El autoanálisis debe ser preciso, porque lo más curioso es que incluso el ego puede disfrazarse de espiritualidad: la arrogancia de sentirte por encima de los demás por el simple hecho de considerarte una persona “muy espiritual”, porque llevas mucho tiempo practicando o porque tus posturas son muy avanzadas.
Creerte por encima de los demás por ello puede hacer que la gente tome la idea equivocada de que la práctica de Ashtanga es ambiciosa y competitiva, como si se premiasen los avances en las series.
En realidad, lo que se valora es la constancia, porque se traduce en las bendiciones que recibes después del esfuerzo, en los frutos de una práctica que transforma tu energía y te ayuda a evolucionar espiritualmente.
No tiene nada que ver con que tu postura sea visualmente impactante.
Detrás de una postura impresionante puede haber años de trabajo interno y dedicación, o simplemente un cuerpo naturalmente flexible y fuerte. Eso realmente solo lo sabe quien está practicando.
Las series de Ashtanga están diseñadas para llevarnos paso a paso hacia la transformación. En ese proceso, el ego puede ser tanto un obstáculo como una fuerza útil.
La ambición y el deseo de avanzar son la gasolina que impulsa la práctica, pero deben equilibrarse con la humildad y la paciencia.
El Ashtanga yoga requiere esfuerzo: es el medio a través del cual se refina el cuerpo y, sobre todo, la mente.
Pero en ese esfuerzo hay una línea muy delgada. Por un lado, podemos caer en la comodidad de repetir siempre lo fácil, evitando los retos que nos transforman.
Por otro, en el extremo contrario, está la trampa de forzar lo que aún no está maduro, empujando desde el ego o desde la necesidad de demostrar algo.
Sin embargo, ese “ego malo”, la ambición, el deseo de avanzar, la competitividad, también tiene su lado luminoso. Es la gasolina que nos mueve, la energía yang que impulsa la acción y nos saca de la inercia. No se trata de reprimirla, sino de equilibrarla con la energía yin: la receptividad, la humildad y la paciencia.
El trabajo verdadero está en encontrar ese punto justo: esforzarse sin violencia, perseverar sin obsesión. Cuando esa energía se equilibra, el Ashtanga Yoga deja de ser un campo de batalla del ego, la práctica no solo te fortalece, se convierte en una vía hacia la armonía interior.
El método de Ashtanga te muestra, si quieres verlo, ese espejo con una sinceridad brutal. Te enseña a observarte en tus reacciones, tus comparaciones y tus resistencias. No te engrandece: te coloca frente a ti mismo. Y, si practicas con honestidad, la energía que antes alimentaba el ego empieza a transformarse en algo más sutil: en claridad, en humildad, en comprensión.
Has visto cómo tu práctica puede ser un espejo que te engrandece o un motor que te purifica.
Ahora, ¿estás listo para que la disciplina de Tristhana te muestre realmente quién eres, más allá de la postura?
El verdadero crecimiento no está en leer sobre la humildad, sino en practicarla. Te ofrecemos el espacio y la guía necesarios para ese viaje interior, estés donde estés y sea cual sea tu nivel.
Si estás cansado de bandejas de entrada saturadas, ¡Nosotros también! Con nuestra newsletter recibirás unicamente noticias exclusivas sobre nuestros talleres.
Únete a las clases de Ashtanga yoga estilo Mysore, Nuria Schneider te guiará bajo una corrección directa que ancla la humildad y la constancia en tu práctica., sino en practicarla. Te ofrecemos el espacio y la guía necesarios para ese viaje interior, estés donde estés y sea cual sea tu nivel.
Núnca es tarde para comenzar la práctica de Ashtanga Yoga.. Empieza o avanza con la secuencia a tu ritmo desde casa. Recibe la corrección personalizada estés donde estés.
Clases online para principiantes (grupo especial).
MYSORE MAJADAHONDA